Una sesión de cuidados | EmotivaCPC

Se tomó su tiempo para preparar las cosas, y cuando las tuvo listas, se colocó delante del espejo y movió la lámpara para que la imagen no le mostrara ninguna sombra.

Comenzó borrando los restos de tristeza, las arrugas del tiempo, la oscuridad que había impregnado la antigua belleza de su mirada. Esto le costó mucho tiempo y cuidado, pues los malos momentos se habían empeñado en no morir del todo, en hacer acopio de fuerzas y quedarse a vivir en sus recuerdos, dejando una huella, cada día, más y más profunda.

Cuando estuvo lista, pasó a embellecer la nueva claridad que la ausencia de marcas tristes había sacado a relucir. Esta nueva imagen le resultó extraña, pese a haber estado con ella cada segundo de su existencia, tal era su falta de auto-conocimiento, empeñada, como había estado hasta ese momento, en mostrar únicamente las cicatrices, y no la tersura de la piel que había cubierto la herida.

Comenzó a pensar que, tal vez, pese a los años (o gracias a ellos), aún fuese bella. La imagen del espejo cambiaba con cada nueva acción, acercándola a la original, olvidada con el paso del tiempo y con cada nueva marca de pena y estulticia. Comenzó a imaginar que, quizá, después de tanto tiempo tratando de ocultar sus emociones, había llegado el momento de utilizar esa imagen como lienzo puro para mostrarlas.

Lo principal es crecer y construir, aunque sea reduciendo a escombros la fortaleza en la que vivimos, y levantando una casa más humilde, en su lugar, para convertirla en nuestro hogar. Es mejor cabaña de barro que muralla de cartón.

Así pensaba, y la sonrisa se iba dibujando en su rostro, cada vez más fuerte y sincera, ayudando a la transformación que, aún incrédulos, sus ojos contemplaban a través de la imagen que le devolvía el espejo. Un par de retoques más, ya casi sin darse cuenta, fluyendo como la corriente de un río que demuestra al mundo, con su paso, que siempre estuvo ahí, por naturaleza, y que es imposible frenar su marcha.

Cuando la mujer terminó de arreglarse, salió a la calle. Estaba segura de que, a simple vista, nadie se daría cuenta del cambio, pero si alguien se paraba a fijarse en su mirada, seguro que admiraría el cuidado que le había regalado a su alma.

Esteban García Valdivia (Emotiva CPC)
www.estebangarciavaldivia.com
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@egarciavaldivia

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