Ser padres y referentes emocionales con nuestros hijos | EmotivaCPC

Hablamos de enseñar a los niños a expresarse emocionalmente, a comunicarse de una manera asertiva, demostrar empatía… esperamos de los niños que sean equilibrados y sepan relacionarse de forma adecuada con sus iguales y adultos… Pero en realidad, les transmitimos esas expectativas, sin ser muy coherentes con nuestro propio modelo comunicativo y emocional, que es la referencia base para los hijos.

La familia es el primer núcleo social en el que el niño aprende a desenvolverse, desarrollando habilidades socioemocionales, mientras ensaya y comete errores de los que concluye estrategias para comunicarse eficazmente con otras personas, ya sea para expresar necesidades, estados de ánimo o para modificar conductas en las personas que le rodean. Por ello, es de gran importancia ser ejemplo de aquellas habilidades, gestión, conductas o actitudes que queremos que nuestros hijos afiancen durante su crecimiento.

Si hablamos de emociones agradables como la alegría, nos encontramos con que los estados de ánimo tales como estar contento, la calma o la risa, son los que expresamos de forma más habitual, los que reforzamos en los niños, pues claramente les acercan a la felicidad y a nosotros también al percibirlos. Son los que aplaudimos y aceptamos más fácilmente. Los niños aprenden a compartir emociones agradables, expresarlas, comunicarlas y percibirlas en los demás, ofreciendo ellos también refuerzo al otro.

En cambio, cuando las emociones no son tan agradables como la tristeza, el miedo o el enfado, tendemos a reprimirlas tanto en nosotros mismos, como en los niños. Además se lo verbalizamos, porque nos incomoda verles llorando, gritando, o asustados…y preferimos negar esas emociones, encubrirlas, y por lo tanto, no les enseñamos a identificarlas, expresarlas de forma adecuada o regular su comportamiento frente a ellas. Usamos frases tales como: “deja de llorar”, “no ha pasado nada”, “no te enfades”, etc. Por lo que los pequeños, en vez de aprender autorregulación, aprenden autocontrol  y no desarrollan habilidades de gestión emocional.

En resumen, es importante que nos planteemos qué tipo de referentes emocionales somos para nuestros hijos. Trabajando el autoconocimiento y autorregulación, para identificar mejor nuestras emociones, gestionarlas, expresarlas y mostrar un comportamiento adecuado en cada situación, pues los niños son sensibles a nuestras respuestas y diferentes maneras de comunicar. La base de su aprendizaje es la imitación.

En publicaciones futuras os iremos ofreciendo algún modelo de comunicación emocional con los hijos, pequeñas actitudes o actividades para mejorar ese modelo emocional en casa.

Si quieres saber más sobre nuestra Escuela de Padres haz click aquí.

 

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestra
Newsletter

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Pin It on Pinterest

Share This