¿Para qué? | EmotivaCPC

¿Para qué haces, todos los días, lo que haces?

¿Para qué vas a trabajar?, ¿para qué llamas por teléfono a tu amiga?, ¿para qué haces ese regalo a tu madre? ¿Para qué ríes?, ¿para qué lloras?…

Entiéndeme bien, no te pregunto por curiosidad, poseído por el espíritu cotilla del papel couché, ni pretendo emitir un juicio de valor a partir de tus respuestas, sean cuales sean. Solo quiero hacerte ver que las preguntas que te hago son las mismas que no te haces o, peor aún, que te haces de manera incorrecta. A tenor de esto, te pido que vuelvas a leer las preguntas del principio, ¿te has fijado bien? No me interesan tus porqués, no te pregunto por las causas que te llevan a hacer todas esas acciones, te pregunto por la finalidad de las mismas, lo que consigues cuando las realizas, el motor que te mueve a llevarlas a cabo.

No me interesa la reacción que te lleva a hacer cosas, me interesa la acción que promueve el obtener otras. Pensamiento reactivo contra pensamiento proactivo. Aquí es donde sueles preguntarte, como te decía antes, de manera incorrecta. Aquí es donde la mayoría solemos tender a buscar un porqué que nos ayuda a razonar lo que nos rodea, lo que nos ocurre, lo que nosotros mismos llevamos a cabo; proyectamos la razón en nuestros actos, olvidándonos de que el acto, por su propia esencia, que encierra acción, va a producir unos resultados que, en la mayoría de las ocasiones, importan más que las causas iniciales que lo provocan.

¿Te das cuenta? ¿Cuántas veces iniciamos un proyecto sin fijar el punto de vista en los resultados que obtendremos al llevarlo a cabo? ¿Cuántas veces olvidamos la productividad en beneficio de la causalidad? Vivimos en una sociedad que premia la producción pero que se deja llevar por la necesidad de entenderlo todo, abandonando el pensamiento proactivo al razonamiento reptiliano de la relación natural causa-efecto. Seríamos mucho más productivos si nos centráramos en tener claros los objetivos que queremos alcanzar, en lugar de comprender la causa que nos lleva a desearlos.

Y aquí es donde entra el silencio, esa prolongación del grito que calla la voz alzada, dedicada a uno mismo. El silencio, lugar de encuentro de alegrías y tristezas, de vivencias y emociones, de calma y de tempestad… Su sola presencia es capaz de convertirse en la pregunta más poderosa y, a la vez, en la única respuesta instantánea, si lo que queremos es, precisamente, dar una respuesta sincera.

Ahora, llamemos al silencio, atrevámonos a soñar… Dime, ¿para qué quieres ser feliz?

Esteban García Valdivia (Emotiva CPC)
https://www.estebangarciavaldivia.com
https://www.facebook.com/egvaldivia
@egarciavaldivia

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