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LAS HABILIDADES SOCIOEMOCIONALES EN NIÑOS CON DIFICULTADES DE APRENDIZAJE | EmotivaCPC

Las relaciones sociales de un niño, vienen marcadas en la medida en que los comportamientos de los mismos son adecuados o no, lo que es de vital importancia para su desarrollo. Las experiencias de relación con compañeros y el resto de personas de su entorno más cercano, determinan, en gran medida, el nivel de desarrollo social que el niño va a tener en las distintas áreas de su vida de adulto: la familia, el colegio, amigos, etc.

La manera en que un niño se relaciona con éxito o no, está influenciada por la cantidad de estrategias que aprende de la experiencia, así como de la seguridad que muestra para llevarlas a cabo en cada uno de los ámbitos de relación que tiene.

La seguridad está íntimamente ligada a la autoestima, que no es más que la imagen que creamos acerca de nosotros mismos y el valor que le damos a esa manera de ser que tenemos, incluyendo las cosas que me gustan de mí como las que no me gustan tanto, pero que acepto igualmente.

Los niños con dificultades de aprendizaje, tienden a tener un autoconcepto negativo, pues sus experiencias de éxito en los aprendizajes son más dificultosas. Tienden a crear una imagen de sí mismos basada más en los puntos débiles, y presentan mayores límites para identificar cualidades positivas y fortalezas personales. Esto hace que la autoestima sea más baja, y se sientan menos seguros para tomar iniciativas, también en las relaciones. A menudo, son considerados personas torpes, malos estudiantes, vagos… lo que claramente etiqueta a los niños y no les ayuda a avanzar hacia la superación, sino que les bloquea.

Lo inmediato sería trabajar las competencias emocionales que tienen que ver con ellos mismos, la parte intrapersonal de la Inteligencia Emocional de una persona: conocerse mejor, aceptarse tal y cómo es, saber cómo se siente y por qué, así como aprender estrategias para resolver bloqueos e inseguridades en la vida cotidiana y motivarse hacia el cambio.

Cuando el niño se siente fuerte, podemos trabajar con más eficacia en la mejora de las dificultades de aprendizaje, partir de lo que tengo y soy para construir una versión más fuerte, no partir de la debilidad para superar la debilidad, que es mucho más complicado.

Además, una vez que la parte individual está en equilibrio, dotar de habilidades interpersonales para mejorar el comportamiento también es mucho más sencillo y coherente. Promovemos la idea de “estar bien con uno mismo, para estar bien con los demás”.

Por último, debemos centrarnos como adultos en evitar el autoconcepto negativo: no etiquetarle negativamente, permitirle explicarse, no compararle con otros, exigir en función de sus capacidades, aceptar su individualidad, hacer que se sienta querido y apoyado y fomentar la autonomía e independencia.

Si tu hijo está diagnosticado con algún tipo de dificultad de aprendizaje, lo recomendable no es sólo intervenir en la dificultad concreta de rendimiento, sino en la parte personal que pueda estar siendo dañada desde la experiencia del error. Consulta con un profesional al respecto.

 

CAROLINA PÉREZ RUIZ

 

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