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La voz de Braulio | EmotivaCPC

Mi perro, un Teckel de ocho años llamado Braulio, un día, sin venir a qué, como si después de mucho tiempo se hubiera cansado de guardarse todo para sí, me habló.

-Te quiero mucho -me dijo.

Podéis imaginar mi cara de estupefacción. No es que pensara que había alguien más por allí, no. Yo le vi mover la boca (el hocico) y emitir esa voz ronca pero afable que, ¡para qué lo vamos a negar!, pegaba bastante con su perruna personalidad.

-¿Cómo dices? -pregunté yo con perplejidad, incapaz de entender que acababa de iniciar un diálogo con mi perro.

-Digo que te quiero mucho -insistió Braulio, como si el hecho de ser un milagro de la naturaleza, un prodigio que se estudiaría durante cientos de años, no le importara lo más mínimo.

-¡Estás hablando! -exclamé al fin. Sí, tuve que necesitar dos frases de Braulio para reaccionar de una manera lógica: estupefacción, sorpresa… ¡incluso temor!

-Claro que hablo -me contestó él-, como todos los perros.

-¡Ningún perro habla!

-Claro que sí. Lo que pasa es que los humanos no os paráis a escucharlos. Estáis más pendientes de escucharos a vosotros mismos, que de escuchar al resto, perros incluidos. Estaba pensando en esto mismo y me he dicho, ¡qué demonios!, vamos a ser un poco más explícitos.

-Entiendo… -dije sin entender, en realidad.

-Pues eso. Ya lo sabes. A ver si me escuchas más a menudo.

-Pero, Braulio, juraría que es la primera vez que me hablas…

-Yo te hablo siempre. Otra cosa es que utilice palabras. Pero siempre te hablo. Yo y todos los perros. Y todos los animales. Y las plantas, y los árboles, y los objetos y… Todo, en definitiva, comunica cosas. Pero es que, con muchos de vosotros, hay que ser explícitos para que os deis por aludidos.

-La verdad es que facilita el entendimiento.

-Pero no está en mi naturaleza. Yo me comunico de otro modo. Ese es el problema. Que soléis tender a esperar que todo lo que os rodea se adapte a vuestro estilo comunicativo, en lugar de adaptaros vosotros a vuestro entorno. Estás siendo muy buen amo, así que quería compartirlo contigo. Y ahora, si no te importa, ¿podrías darme una de esas galletas con sabor a ternera?

Braulio no volvió a hablarme. No de forma explícita, desde luego, pero el muy capullo consiguió dejarme ese poso en la mente hasta el punto de transformar mi realidad porque, independientemente de si llego a entenderlo todo o no, lo cierto es que ahora soy mucho más consciente del mensaje de este mundo.

 

Esteban García Valdivia (Emotiva CPC)
www.estebangarciavaldivia.com
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@egarciavaldivia

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