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La princesa está triste | EmotivaCPC

La niña mira a su alrededor y hace un gesto de desagrado.

-¿Qué te pasa, pequeña? -Pregunta la madre-, ¿es que no te gustan los regalos?

La pequeña no responde, su semblante lo dice todo, ¡cómo son estos niños, que nunca están contentos con nada! Esta, en concreto, parece tenerlo todo: unos padres que la quieren, la miman, la colman de presentes, la llevan a sitios increíbles y la apuntan a todo tipo de actividades extraescolares. Y, sin embargo, ahí la tenemos, la niña no se muestra contenta, ni siquiera agradecida, que la gratitud siempre va de la mano de la sonrisa.

-¿Es por la tarta, cariño?, ¿es porque no es de nata y chocolate?

La madre busca motivos, no le gusta ver a su hija tan seria, y menos en el día de su décimo cumpleaños. ¡Qué barbaridad!, ¡cómo pasa el tiempo! ¡Qué grande que es mi niña!, ¡y qué hermosa! Parece mentira que yo la haya tenido dentro, tan enorme como está. ¡Es toda una princesa!

Pero la princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? O mejor, ¿qué no tendrá?, ¿qué le faltará a esta rubita de diez años para que ande mohína por las esquinas, preocupando a su familia y acaparando su atención?

-¿Te ha molestado que haya invitado a la vecina?

No, no es eso; aunque la vecina se las trae, que en todo se quiere meter y en nada ayuda. Bien podría esta niña haberse molestado por su presencia, que ni siquiera ha traído regalo, la muy asquerosa, solo viene por comer tarta, aunque no sea de nata y chocolate, tanto da, lo que importa es que sea dulce.

La niña, en cambio, prueba el sabor amargo de una lágrima que no cae, pero que aprieta el corazón con intenciones aviesas y ocultas, que aún anda la madre preguntándose qué es lo que ocurre en su joven alma.

-Mamá, ven conmigo un momento -dice la pequeña.

Ambas salen del salón, dejan atrás el jolgorio y los regalos, la dulce tarta que repite la vecina, el olor a fiesta, la celebración de una primera década repleta de motivos para sonreír.

-¿Qué te pasa, cariño? -pregunta la madre, ya en la intimidad que produce el sonido festivo, alejado de nuestro espacio, la luz apagada de la cocina, el instante de revelación que se adivina.

-Mamá -dice la princesa triste, en un alarde de lucidez que, ahora lo sabemos, siempre mantuvo desde que comenzó su fiesta-, mamá, ¿por qué le dijiste a papá que no viniera?

Esteban García Valdivia (Emotiva CPC)
www.estebangarciavaldivia.com
www.facebook.com/egvaldivia
@egarciavaldivia

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