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Escuchar y dar respuesta a los miedos de nuestros hijos | EmotivaCPC

A los adultos nos cuesta aceptar la emoción del miedo el miedo. Asociamos, en ocasiones, el hecho de no tomar decisiones para afrontar adversidades, poner límites o enfrentar cambios, con una actitud de pereza, dejadez o cansancio… o simplemente, nos enviamos el mensaje de que hay que priorizar y gestionaremos esas dificultades en otro momento.

A los niños les sucede que, ante una situación nueva o dificultosa, les cuesta también identificar y expresar esas angustias, así que mucho más regularse y gestionarlas. Pero si observamos sus conductas cotidianas, sus rutinas… podemos comprobar que, cuando existen miedos, su ritmo se altera: alimentación, sueño, juego… de hecho suelen ser los principales indicadores de que algo les pasa y hay un conflicto interno sin resolver (pesadillas, inapetencia, pasividad o nerviosismo…).

Sin embargo, existen otro tipo de miedos, como por ejemplo cuando tienen dificultades en las relaciones, de aprendizaje, así como cuando viven situaciones familiares de cambio y no encuentran la manera de comunicar y resolver sus culpas e incertidumbres… lo que afecta a su sentimiento de seguridad, autoestima, y necesitan algo más de intervención para ayudarles a expresar y gestionar esas preocupaciones.
Algunas actitudes a tener en cuenta para saber intervenir frente a este tipo de emociones serían:

• Identificar, observar y escuchar esos comportamientos alterados (sueño, alimentación…rutinas), sin restarle importancia si se mantienen en el tiempo, como primer signo de alerta.

• Mostrarse abierto y cercano, fomentando la creación de tiempos en común que puedan dar pie a mantener una conversación, que favorezca la expresión de las angustias, sin ser directivos en la comunicación. En lugar de preguntarles directamente qué les sucede (porque ya hemos dicho que su mayor dificultad está en la identificación y expresión), podemos hacerles saber que le hemos notado distinto, decirle qué cosas hemos identificado, sin juzgar… y que sepa que nos preocupa y que cuenta con nuestro apoyo.

• Una vez el niño nos expresa sus miedos (incertidumbre y dudas ante una separación, por falta de autoestima que se limita en tareas en el cole, problemas de relación con compañeros…), sobre todo, debemos mantener un rol de escucha activa, de nuevo sin juzgar ni interpretar, repitiendo lo que nos cuenta para que vea que le hemos comprendido, o que nos dé más información si lo desea.

Nuestra respuesta debe ser de empatía, verbalizando que le comprendemos, e incluso poniéndonos como ejemplo en alguna situación similar que podamos identificar como adultos en nuestro día a día. Después poner nombre a esa emoción, asociada a un hecho concreto.

• Lo ideal sería poder ofrecerle la información que necesita, adecuada a su edad, pero siendo claro y sincero en las explicaciones que le damos cuando se trata de resolver dudas acerca de cambios en su vida, que le generan estrés por no saber qué pasa o va a pasar (divorcios y custodias, mudanzas, nacimiento de hermanos… enfermedad de un familiar). Los niños necesitan respuestas adultas, pero adaptando el vocabulario.

• En el caso de que sea una cuestión de inseguridad respecto a sus capacidades, por ejemplo en el ámbito escolar, la idea es ofrecerle el refuerzo positivo y ayudarle para mejorar aquellas debilidades en las que encuentra su foco de angustia, pero sin olvidarse de que posee grandes fortalezas que le ayudan para resolver otros conflictos con éxito y que también le pueden servir en esta dificultad. Saber que creemos en él, en sus posibilidades y que cuenta con nosotros como apoyo.

• Si se tratara de miedo en las relaciones, conflictos continuados con iguales, además de mantener la misma actitud que destacábamos en las situaciones anteriores, hacerle saber que tiene solución y que van a resolverlo juntos. Desde luego como mediador, se trata de acompañarle, pero transmitir confianza y reforzar su autonomía e independencia, y no al contrario. Desde luego, si esto sucede en el centro escolar, ponerlo en conocimiento de los profesores para buscar entre todos la raíz del problema y encontrar soluciones.

Cuando, como decíamos anteriormente, estos miedos persisten en el tiempo, es importante consultar con un especialista que trabaje con el niños para superarlos, cuando se convierten en paralizantes, limitantes y afectan a su día a día, tanto a nivel personal, académico y social.

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