Al otro lado de la ventana | EmotivaCPC

Desde la ventana de mi habitación, se cuela la noche sin pedir permiso. Suelo mirar, al hacer una pausa, mientras escribo, a la calle, perderme en el misterio nocturno, con sus soledades y sus cielos llenos de estrellas, relajarme contemplando la quietud y la calma que trae esta oscuridad, tan llena de luz.

Ayer, en mitad de una de esas pausas, tuve un extraño encuentro visual con un señor, que rompió la habitual tranquilidad de mi calle, cuando la baña la luz de la luna. Vestía ropa de sport y parecía limpio y aseado, pero, sentado desde esta misma silla en la que me encuentro ahora, pude ver cómo este hombre desconocido y noctámbulo, hurgaba en los enormes cubos de basura que adornan mi habitual vista nocturna. (Sí, frente a mi ventana se encuentran tres contenedores de basura, generalmente a rebosar, que no suelo citar por mantener el clima romántico, si es que la noche aún es romántica).

Este hombre sacaba las bolsas de basura de mis vecinos, (tal vez, incluso, la mía), las abría con cuidado, y las volvía a depositar en los contenedores, con el mismo mimo y cuidado con el que un enamorado acariciaría a una estrella. De vez en cuando, al encontrar algo de su interés, lo separaba del resto, y volvía a reanudar su apasionante búsqueda.

Durante los diez largos minutos que estuvo mirando entre las bolsas y desperdicios, no pude apartar la vista de él. Me preguntaba qué llevaría a un hombre, de madrugada, a hacer algo así, ¿la necesidad?, ¿la simple curiosidad?, ¿o algún hobby que escapaba a mi simple entendimiento?

Cuando pude comprobar que, todo lo que había separado del resto, era ropa, no pude evitar enternecerme. Verdaderamente, aquel hombre lo hacía por necesidad: buscaba ropa para resguardarse del cruel frío nocturno. (Sí, también la noche trae vientos gélidos que, del mismo modo que antes, he preferido no citar, por seguir otorgando romanticismo a esta noche de frío y basura).

Comencé a divagar… ¿Qué fatalidades habría tenido que sufrir, aquel señor de sport, para verse obligado a mendigarle a un cubo de basura? Sin duda, en la necesidad se encuentra la fortaleza humana. No pude evitar una pequeña sonrisa; los actos de aquel hombre me parecieron, en aquel instante, más hermosos que la misma noche.

“Todo esto que estás viendo”, dijo La Voz, “te parece muy hermoso porque estás al otro lado de la ventana”.

 

Esteban García Valdivia (Emotiva CPC)
www.estebangarciavaldivia.com
www.facebook.com/egvaldivia
@egarciavaldivia

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